EL BLOGG DEL GRUPO LITERARIO TARDES DE LA BIBLIOTECA SARMIENTO SE ACTUALIZA PERIODICAMENTE DESDE HACE 10 AÑOS. GRACIAS POR VISITARNOS.

Sitio del Grupo Literario Tardes de la Biblioteca Sarmiento y su actividad cultural, 10 años en la web. Manteniendo vivo el legado Oscar Guiñazú Álvarez, para que no se pierda su obra y continúe en el tiempo.Apuntamos a la continuidad como el mejor homenaje a Don Oscar y su obra para que sea algo indeleble a través de los años.Realizamos el encuentro de poetas mas antiguo del mundo, cada año, desde 1962 en forma ininterrumpida nos encontramos en poesía y amistad en Villa Dolores, Traslasierra, Córdoba, Argentina. Todos los jueves llevamos a cabo el tradicional Café Literario, un lugar de encuentro para escritores y lectores. Oscar Guiñazú Álvarez nos dejó en 1996. Y como la institución era él, a quienes quedamos nos costó mantener el fuego. Hoy el Grupo Literario Tardes de la Biblioteca Sarmiento trabaja intensamente por la cultura. Quienes hemos heredado aquella antorcha, tenemos el honor y el desafío de hacer que su fuego siga brillando.

Para ir agendando: 11, 12, 13 Y 14 de Octubre 2018, 57° Encuentro Internacional de Poetas "Oscar Guiñazú Alvarez", Traslasierra, Còrdoba, Argentina


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Huellas, Carmen de Leon



HUELLAS







Dónde está la Patria que soñé,

aquella dibujada por la historia,

la de padres e hijos laboriosos

amasando el pan diario, la memoria

en dulces colmenas de esperanzas.

Añoro la bendita palabra de maestras,

la justicia como un sol

caminando por las calles de mi pueblo,

el respeto a los mayores,

la mano amiga, sincera, de vecino,

aires frescos que a veces

se llegan del pasado.

Yo sigo buscando ese lugar

donde la esperanza dejó sus huellas.

Extraño los rostros abiertos, amigables,

de pueblo generoso,

aquel, en que hasta la pobreza

fue siempre la más digna compañera,

de esa dignidad que hoy,

sólo late en las alturas, con mi bandera.





Carmen de Leon  

De Mirada de Mujer 2012

Tiempos, Carmen Iris de Leon

TIEMPOS

Estamos hoy…mañana ya no más...
Los azahares quedaron olvidados
tras los soles de un nuevo soñar.
Hay violines de recuerdos ansiosos
que rompen los cristales
del calor estival
y la noche que calma los ardores de fuego
parpadea en la hierba
entre chispas de verde y oro fugaz.
Uno se va enamorando
poquito a poco……
de la vida
sus dedos te rozan …..
sientes que te acunan.
Te muestran el insecto
la flor, la luna,
las infinitas caricias del sol y la lluvia.
Vives las manos de tus padres
de hermanos …. amigos
y junto a tu compañero
meces en tibio lazo a tus nietos.
¡Qué amor más grande éste
donde se conjugan
todos los tiempos!


CARMEN IRIS DE LEON 

Santo Domingo, Carmen Iris de León


SANTO DOMINGO

¡Qué tiempos aquellos!. Siglo XX, fines de la década del cuarenta..... Pueblo de portales abiertos, zaguanes frescos, canceles vestidas de fiesta y una niñez despreocupada, que jugaba en la calle con la misma seguridad que en el patio de su casa.
Villa Dolores se extendía en el valle con aires de ciudad. Las calles principales lucían un barniz de asfalto y la plaza central mostraba orgullosa: palmeras africanas, una importante fuente luminosa y naranjos plantados alrededor, cuyos azahares daban el toque romántico e inolvidable de la primavera.
Recuerdo que en verano, los chicos de la cuadra solíamos sentarnos en el cordón de la acera. Después que el comercio cerraba, la calle era toda nuestra. Los relatos subyugantes sobre historias de personajes del lugar, mantenían nuestra atención por horas, hasta que nos llamaban a dormir.
La luz del alumbrado público, pendía en el centro geométrico de las tres esquinas visibles y la plaza se replegaba sobre sí misma, para darle amplitud a las calles que la rodeaban. De pronto: -¡Ahí viene!- gritaba alguno del grupo .Un silbato atravesaba el aire transparente. Todos sabíamos que ese sonido provenía de los labios de un personaje por el que sentíamos una mezcla delirante de admiración y temor. Asustados, corríamos a guarecernos en el zaguán más cercano de la casa de algún vecino. En esa época todas las puertas de calle estaban abiertas y tras un breve pasillo, se cerraba a los visitantes la llamada cancel, con vidrios y cortinas tejidas a mano, en los que la dueña de casa demostraba sus habilidades en hilo macramé.
Los niños nos escondíamos detrás de esa puerta, y hacíamos a un lado el pesado cortinado, antes de que nos dijeran:
__ ¡Cuidado con el visillo!__,... y mirábamos la calle.
Desde allí observábamos entre asustados y expectantes.
Los más grandes, eran más atrevidos, ellos salían hasta la vereda.
De pronto aparecía. Él, Santo Domingo, un hombre de estatura mediana, vestido con ropa un poco grande para su talla. Zapatos chaplinescos, que hacía sonar en los talones cuando se ponía firme, y con la mano en la frente, mostraba el saludo militar.
Nosotros abríamos los ojos asombrados, y los que estaban en la calle aplaudían a rabiar, entonces empezaban las piruetas, los saltos, en gran despliegue de agilidad corporal. El espectáculo, nos hacía olvidar el temor. Después de momentos de incertidumbre, uno a uno, íbamos saliendo de nuestros refugios, y ya lejos de todo tipo de preocupación hacíamos un gran círculo alrededor del improvisado artista. ¡Qué emoción! , tratábamos de ver cuán cerca de él podíamos llegar.
Repentinamente, se quedaba quieto, sin movimiento, transformado en estatua. El aire hacía un remanso a su alrededor y se abría un paréntesis de misterio. Ni un sólo movimiento delataba al ágil contorsionista. Poco a poco el círculo de espectadores se iba cerrando hasta que algún chiquillo inoportuno osaba tocarlo……, entonces la escultura humana repentinamente cobraba vida y, con gestos de ogro malhumorado, ponía en fuga a toda la concurrencia. La calle quedaba vacía. Sólo Santo Domingo continuaba con su andar rítmico, brincando con saltitos de tanto en tanto, porque sabía que lo seguían observando detrás de las puertas entreabiertas.
La oscuridad se tragaba a ese muchacho del que poco sabíamos, llenándolo de misterio. Decían que su madre vivía en Buenos aires...que una vez vino a buscarlo; pero él no se quiso ir,...que tenía un hermano.... De pequeño lo crió un tal Sombra que era empleado municipal. La bebida fue minando su vida...quizás también, alguna pelea callejera... Dos veces entró herido gravemente en el Hospital. Le gustaban las carreras de caballos a las que asistía en San Pedro. En sus buenos momentos ayudaba en la policía local haciendo pequeños mandados, preparaba el mate cocido y barría la vereda. Le regalaron un cajoncito para lustrar zapatos, y desde entonces fue su hogar la gran casona de la avenida Centenario, luego San Martín.
Cuentan que en cierta ocasión se paró a unas cuadras del puente que une Villa Dolores con San Pedro y comportándose como agente de tránsito, no dejó pasar un camión. El conductor era foráneo, y tuvieron que intervenir los vecinos llamando a la policía para que lo hicieran desistir de esta actitud. Así se suman anécdotas en su historial, que lo hacen un personaje especial en el medio.
Félix Olmedo, Santo Domingo (¿Quizás porque para él todos los días eran de fiesta?) Los niños...una historia... y la luz de la esquina Sarmiento y Felipe Erdmann que bailoteaba solitaria como la de un escenario desierto, al jugar con las sombras del Banco Nación y las palmeras de la plaza Mitre.
El espectáculo había terminado, pero la llama que latía en cada uno de los corazoncitos presentes, mágicamente, había sido reavivada con el candor, la inocencia, y ese pequeño destello de locura que nos hace falta en el presente, para emprender la ardua tarea del cotidiano vivir.

Carmen Iris de León

Lluvia, Carmen Iris de León


LLUVIA

La lluvia cae redonda sobre un vidrio de asfalto,
los charcos ríen bajo las pisadas,
las tuyas, las mías.
Sigo tu sombra sin saber a dónde,
apurando tiempos, quebrando distancias
con esa locura interna que te contagia el agua
y deseas vivir……..vivir esféricamente
en todas direcciones,
llena de alas la calma.
Atravieso cortinas de nieblas y de lágrimas,
caminos de incertidumbre y de miedos.
Temerarios,
se arremolinan los ríos de duda,
continúo sin pausa la marcha.
Hay un hueco en el alma,
redondo de luna nueva,
redondo, redondo,
como el agua.
….sólo la lluvia.

Carmen Iris de León

El sabor de la vida, Carmen Iris de Leon


EL SABOR DE LA VIDA

El aire ya huele a otoño.
Los niños, en el patio,
mientras los grandes conversan.
Van y vienen entre naranjos
rosales y limoneros
que ya prometen su miel
con sabor amarillento.
A veces pienso en el tiempo
que no descansa un momento,
paulatino, majestuoso,
se desliza en nuestros cuerpos.
Los más grandes ya no están
la vida los va absorbiendo,
sólo quedan estos duendes
alrededor nuestro
y quieren también ser….
.algún día…..
si Dios quiere…..
abuelos.

Carmen Iris

Akko (Acre), Carmen de Leon



AKKO (Acre)



(la hora de Dios)



Fortaleza de templarios

desafiante de milenios, con tu proa

al azul mediterráneo

de La Historia eres baluarte.



Piedra sobre piedra,

desde la antigua fenicia

moldearon los hombres tu estampa.

Es un aire de misterio

el que recorre tus calles, cosmopolitas, claras.

Junto al oro, el pescado, la seda,

la fruta fresca, el café.



Mujeres veladas, turbantes, ojos negros,

sotanas, sandalias, vaqueros.

Es mediodía, doce campanadas

desde Santo Tomás , la iglesia,

rompen la monotonía cromática

del fantástico lugar.

La magia entra a jugar

como reloj sincronizado.



El canto monótono del almuédano

ondula en el aire desde el almuecín,

llama a los fieles a orar.



A metros, en la sinagoga,

hombres de negro y kipás.

La hora de Dios conjuga las lenguas,

une los espíritus en una sola voz.

El ojo mecánico de napoleónico porte

con el que soberbia humana

quiso dominar,

produjo un vacío en el cóncavo tiempo

por cuya burbuja te dejas llevar.

Carrusel de siglos, de lenguas, de hombres,

para nombrar a un Dios, uno solo…



¡Cuánta fragilidad!



Carmen de Leon

Aprendí, Carmen Iris de Leon



Aprendí

que nunca es tarde…

que es bueno sacudir cenizas

que no importan los años

que la vocación arde sola

y la amistad es fuego loco.

Aprendí a mirar

lo que me acercó el destino

y a caminar por las rutas

que me regala la vida,

pues los abrojos caen solos

al costado del camino.

Aparté la voz esquiva

de la soberbia engañosa.

Amo el sol y mis montañas

amo la luz que fluye

natural, en las personas

no busco....., encuentro.......

todavía sueño…espero…vivo.



Carmen Iris de Leon

Turbante a la deriva, Carmen de Leon



TURBANTE A LA DERIVA


La faja suelta de un turbante
golpea sin piedad la sangre en al arena.
Una mano morena
empuña su dragón de fuego
sobre el pecho.
Pequeña paloma,
perdió las alas en su último vuelo.
No llegó al olivo.
Bajo un cielo empañado
por humo y duelo,
los ojos almendrados se abren al asombro.
Dejan escapar en huellas de agua
promesas de olvidados paraísos.
Los sueños se herrumbraron
en jirones de guerra.
Sucia se ve la vida en el charco.
La muerte desparramó las sobras
que tú sacudes a diario
del mantel,
al fin del noticiero.


Carmen de Leon
De Mirada de Mujer 2012

Grupo Literario Tardes de la Biblioteca Sarmiento. Más de medio siglo en poesía

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Dejaron sus huellas

José María "Chema" Forte, Madrid, España

José María "Chema" Forte, Madrid, España
Con las antologías del Encuentro Internacional de Poetas Nº 47 Y 48 y con el Libro Presagios de Gabriela Bayarri